| TIGER
WOODS vive hoy el efecto imagen negativa sobre su marca como ya
lo sintieron el modelo DE LA NBA KOBE BRYANT con el proceso judicial
de 14 meses sobre la acusación de violar una joven 19 años;
el nadador olímpico MICHAEL PHELPS fumando marihuana, y la
presunta relación extramarital del futbolista DAVID BECKHAM
con su asistente personal REBECA LOOS. En efecto, los deportistas
TOP son marcas que activan tanto la decisión de compra como
el ruido corporativo gracias al impacto de imagen en la mente de
los consumidores. Pero esta fusión no está fuera de
riesgo. El trance se produce cuando el comportamiento personal frente
a la sociedad se transforma en negativo. La 'publicidad con mancha'
puede tener efecto sobre las etiquetas que el deportista respalda.
La naturaleza de hombre público e ídolo cobra mayor
importancia cuando se convierte en pieza clave del desarrollo estratégico
de un producto o servicio.
WOODS
como BECKHAM, BRAYANT o PHELS son víctimas del reducido
espacio que un ATLETA TOP goza entre sus libertades públicas
y su vida privada. De un lado, la SOCIEDAD (léase consumidores)
asume que cada uno de los actos en y fuera de los escenarios son
de su territorio por el valor que toma luego penetrar en sus hogares
como ejemplo de superación, modelo disciplina y consejero
de persuasión. En otro, los MEDIOS DE COMUNICACIÓN
hacen de 'su rol' un motivo para transmitir 'iconos de gratuidad'
que procesados por sus consumidores elevan las emisiones en términos
de sintonía sin medir los límites del respeto que
inspira esta rica fuente de ruido mediático; mientras que
al vaivén de estas posturas, los PATROCINADORES se convierten
en fiscales de sus movimientos para medir la efectividad de los
presupuestos.
Cuando
la imagen sube por efecto del gesto en el campo, sociedad, medios
y empresas 'arropan' el triunfo como pretexto para cobrar, cada
una a su medida, los réditos de sus inversiones. Pero tras
el mínimo traspié y como 'hábiles jueces
de campo' aplican el más severo de sus reglamentos moral
y comercial para condenar a quien hasta hace poco elevaba el sentimiento
de la pasión de los consumidores, la exaltación
del juego a espectáculo, la persuasión de consumo
y el reconocimiento de imagen corporativa.
¿Qué
hace morbo la vida privada del deportista? Sin los límites
definidos entre los territorios público y privado, siempre
resultará permeable el acceso para convertir en espectáculo
el más sagrado de los derechos de libertad del ser humano:
LA INTIMIDAD. El afán de convertir en ruido el QUEHACER
INTIMO del ATLETA es una peligrosa estrategia informativa (llámese
periodística) que más allá de llamar sintonía,
es un delito camuflado como ACTO DE LIBRE CIRCULACIÓN por
su condición de HOMBRE PÚBLICO, y que el MEDIO aprovecha
para contar como noticia que el ÍDOLO faltó a su
compromiso de "SER INMACULADO ANTE LA SOCIEDAD DE CONSUMO".
No tiene
siquiera apariencia de verdad esta hipócrita actuación
de algunos de los más notables protagonistas de la industria
del deporte contra la principal materia prima de sus actividades
de negocio: EL DEPORTISTA. Medios de Comunicación e Inversores
de Patrocinio deberían "jugar" con mayor responsabilidad
a la hora de asumir posturas inapropiadas de fiscales y de jueces
sobre el comportamiento privado de un ATLETA, un ser humano con
manchas y defectos tan comunes como los actos que cometen a diario
tanto los miembros de los directorios ejecutivos de las empresas
como los llamados interlocutores de los consumidores: los periodistas,
con patente para seguir, procesar y convertir la intimidad en morbo
mediático. |